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» DAVID CASTRO FAYAD Y SUS DEMONIOS MUSICALES…

21 Agosto 2017

Hablar de Rock Progresivo hecho en Colombia no es tan fácil. Si el Rock (El auténtico, no esas pálidas aproximaciones que abundan por ahí), no encaja en los lineamientos de la industria musical comercial (El mentado anglicismo mainstream), los sonidos limpios de las melodías y las progresiones lo tienen más complicado aún. David Castro Fayad (DCF),lo sabe. Lo de él, además de ser pasión, es verdadera devoción y estudio.

Letra Oculta habló con él sobre ese mundo que parece a veces distante, el de la música como estudio y disciplina. Sentado tomando un café, con la tranquilidad que lo caracteriza, empieza a contar su devenir por este arte, en particular desde que hizo parte de Noiszart, uno de los grupos más importantes de la escena rockera-melódica-sinfónica de Colombia y que infortunadamente ya no existe.

Grabó los bajos de “A New Beginning”, el único CD completo que hizo Noiszart, aunque en la contraportada aparece Luisa Pradilla, bajista que reemplazó a DCF después de que se retiró del grupo. Para un músico profesional crear es un imperativo, de ahí que junto a Camilo de la Cruz Pérez, el otro cerebro de Noiszart, fue invitado a formar parte del equipo de trabajo en el ambicioso proyecto que Elkin Ramírez (QEPD) de Kraken tenía por esa época: Kraken Filarmónico. Cinco temas de los que aparecen en el CD fueron arreglos de él. Su vena rockera no le impidió hacer otro tipo de música, junto a los bateristas Germán Herrera y Rafael Leal, graba un CD llamado Isósceles, un sonido particular, dos baterías y un bajo. Junto a Tico Arnedo crea “Il Vigore”, una banda con la que hace un gira de museos en Bogotá.

Con Leonardo Aranguren, ex guitarrista de Noiszart, crea Methadone Pathways, “Un nombre con muchas particularidades”, en las propias palabras de DFC. Completaron la banda en ese momento: Mike Rojo (Voz), Alberto Caucali (Teclados) y Diego Ochoa (Batería). Leonardo Aranguren sale del grupo y en su lugar llega Leonardo Alvarado, un ex compañero en Noiszart. Con ideas muy claras sobre el camino que debía seguir la banda, lo siguiente era cambiar el nombre, pues daba para muchas interpretaciones.

“Una señora nos escribió de Europa pidiéndonos metadonas, creía que éramos distribuidores de droga”, comenta DFC. Así como esa anécdota, hay más sobre el nombre. En esa etapa hubo varios cambios en la alineación de Methadone Pathways. Salieron Alberto Caucali y Diego Ochoa, ingresaron Carlos Maya y Samuel Cardona, en los teclados y la batería, respectivamente. Todos proponen nombres, hasta que uno de los tantos que dio Carlos Maya, el nuevo teclista, es el escogido: Offering the Sun.

Offering the Sun…El demonio mayor

De frente al sol, a la vida y a todos los retos que ella plantea. Por eso el nuevo nombre del grupo. Con todo listo, lo próximo era grabar. Lo hicieron. Offerin the Sun grabó un EP de cuatro canciones, cuyas letras no manejan ningún concepto concreto. “Son letras abstractas que se prestan para varias interpretaciones”, comenta con cierta perspicacia DCF.

“Afterglow”, “Opium brides”, por citar apenas dos, son claros ejemplos de lo que significa Offering the Sun (OTS), es decir, una versión mejorada de Methadone Pathways y con menos volumen (Entendiendo volumen en este contexto como pesadez) que Noiszart. En OTS el trabajo de composición es compartido, si bien DCF es el compositor principal, cada uno de los músicos aporta para darle vida a las canciones, para que en vivo suenen más ‘Apretadas’. Rock Progresivo.

Para el CD completo ya están casi listas ocho canciones. En menos de un mes las grabaron. El compromiso es llevar el CD prensado a Nueva York en el mes de octubre para reunirse con la gente de un sello disquero que está interesado en la banda.

“La idea con OTS es grabar un CD cada año. También quiero incluir un cello para darle un sonido más doom, algo así como Doom Jazz. Creo que el grupo está para grandes cosas porque los músicos están bastante comprometidos y aportan lo mejor de si. Mike Rojo es fotógrafo. Esta mañana fuimos a las afueras de Bogotá, después de Soacha, para tomar las fotos que incluiremos en un video, fue un muy buen trabajo y quedaron unos imágenes perfectas para lo que queremos”, comenta DCF sin ocultar la emoción.

El Francés, The Metal Orchestra y Orphan Reveries…Los otros demonios

Como todo artista, DCF no se puede quedar quieto. Además de ser profesor de lenguas en un colegio de Bogotá (Dicta inglés, francés y alemán) y de OTS, ha sacado tiempo para otros proyectos musicales. Antes de que Camilo de la Cruz Pérez, su ex compañero en Noiszart viajara a radicarse a Estados Unidos, alcanzaron a componer una especie de Ópera Rock con la colaboración de un francés, infortunadamente el proyecto no se pudo concretar porque el francés decidió suicidarse antes de grabarlo.

Fayad, the Metal Orchestra, tal vez sea su apuesta más arriesgada. Se trata, ni más ni menos, de juntar en un escenario a 120 artistas. Está leyendo bien: 120 artistas. Son los cinco de OTS delante de los 115 de la Orquesta Sinfónica de Bogotá sobre un escenario para interpretar una composición salida de la mente de DCF. La idea es que esto se concrete el mes de febrero de 2018. Sin duda alguna, un reto mayor que demanda toda la atención y que él cuida detalle por detalle, nota por nota, arreglo por arreglo para que salga perfecto.

Y como si el tiempo sobrara, tiene 41 canciones listas, esas si conceptuales, será un CD triple de Metal. Estará listo para el segundo semestre del 2018.

El manejo del tiempo resulta vital para este músico que estudió en la Pontificia Universidad Javeriana, primero Historia de la Música e instrumentación, luego en Berklee College of Music (Boston, Estados Unidos), Música y después Bajo en la Universidad el Bosque.

Tuvo tiempo hasta para formar una banda de Metal Extremo hace unos años junto al vocalista Diego Melo, al baterista Sander Bermúdez y el guitarrista Ricardo Flórez. Se llamó Cocaina. Y mucho antes de cocaina, un grupo de Death Metal junto a Andrés Leyva (Kraken) y Andrés Rodríguez (The Hall Effect) del que no recuerda el nombre.

Un consagrado a la música, a las buenas lecturas y al oficio de ser esposo y padre de familia. Ha hecho eso y le faltan más cosas, apenas tiene 36 años de edad en los que ha escuchado de todo, pero al momento de componer no oculta las influencias que las buenas vibraciones de Led Zeppelin, la maestría de King Crimson y la complejidad armónica de Opeth ejercen sobre sus creaciones.

Para muchos los demonios vienen en forma de botellas o de drogas. Para él, vienen en forma de partituras y de figuras musicales que le plantean retos y que él gustoso acepta.Son demonios con los que se siente a gusto, porque le exigen y casi siempre los vence.

 


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